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21.06.2004 - "TRANSACIÓN" SEGUNDA ENTREGA DE LA TRILOGÍA -HISTORIA DE LÁGRIMAS- DE LA LOGROÑESA TINA DÍAZ.

«Lo importante no es la política, sino las personas» Prima carnal del guionista Rafael Azcona, mujer del Defensor del Pueblo Enrique Múgica, y madre del escritor Daniel Múgica, Tina Díaz (Logroño, 1942) afirma odiar la demagogia y el fanatismo. Colaboradora de las publicaciones El Urogallo e Informaciones, comenzó su trilogía literaria Historia de lágrimas o Les femmes maîttrisantes con la novela Transición (Planeta, 1989) y continua ahora con la recientemente publicada Transacción (Lengua de Trapo, 2004), un libro que describe la sociedad de la posguerra y la transición española por medio de una mujer logroñesa. -Las librerías anuncian Transacción como una novela sobre la transición política española en Madrid y Logroño, pero trata de la incidencia de ésta en la vida personal de una mujer, no es una novela política. -Esa publicidad la ha dado el editor y es errónea porque Transacción es una novela sobre personas, que son las que importan, no sobre política. -¿Teme que la figura política de su marido de pistas falsas en la novela o desvíe la atención en la misma? -Puede que pase, pero la verdad es que no me he apoyado para nada en la figura política de Enrique. El personaje del marido en mi novela no tiene nada que ver con el mío. Los personajes, como en casi todas las novelas, se construyen basándose en cuatro o cinco personas reales, como hacía Proust, y no sólo de una. Además, es un personaje que no tiene ningún modelo en el que me haya basado, así como la gorda sí que lo tiene, porque me he documentado mucho sobre sus problemas, obsesiones, inquietudes... -Transacción es la segunda parte de la trilogía Historia de lágrimas y que continuará con Tiramisú. -Sí. Creo que cuando publique la tercera me reeditarán la primera, pues está completamente agotada. La tercera novela, que acabo de terminar de escribir, es una nueva historia de otra mujer en Logroño, que es el personaje de Dolores, Doloritas, una amiga de Olvido que aparece al final de Transacción. Es una chica muy pobre que consigue llegar a ser abogada con toda clase de penurias en la posguerra. En Tiramisú hay muchos guiños a El Quijote, incluso hay algún trozo de Cervantes. En ella creo haber acabado con la posguerra y la Guerra Civil dentro de mí. No sé si hablaré más de esas dos épocas, pero de momento me apetece seguir hacia delante y hacia atrás en el tiempo al escribir. Pero bueno, no es una trilogía que acabe ahí, voy a continuar con otra novela. Tengo una idea, pero me costará mucho trabajo: reunir y entrelazar a los hijos de las tres protagonistas en las fiestas de San Mateo en Logroño. Eso es mucho trabajo porque es muy difícil hacer hablar en una novela a gente joven, para mí es más fácil hablar de gente mayor, como yo, aunque tengo muchos hijos, sobrinos y nietos. -Su novela Transacción completa cronológicamente el siglo XX novelado de Logroño junto a novelas como Las sacas y la reciente Rúavieja 32. -No conozco esas novelas, pero me interesan mucho si es así. Me interesa mucho la historia, pero no la novelada, sino la de los historiadores. Aunque luego, afortunadamente, los personajes pueden al autor y siempre tiran de la narración. -Lo cierto es que Logroño sólo ha sido escenario artístico para narrar sus acontecimientos políticos, y las excepciones son cinematográficas. -Yo asistí al rodaje de Calle Mayor cuando era niña... Es cierto, pero será porque eso sucedió y alguien tendrá que contarlo ahora. Los hechos políticos que yo cuento los he vivido en mi infancia o se los he oído contar a mi madre, que hablaba más que mi padre, que era muy callado. Son cosas de mi infancia que he ido comprobando después. Pero yo he tomado Logroño porque me interesa mucho las provincias, creo que la vida allí es mucho mejor. Hablo de provincia en el sentido de la novela francesa. Todos dicen que no, que hay mucho chismorreo y eso de siempre, pero creo que ya no es así, ahora, con los aviones, los trenes, la comunicación, las distancias cortas... son más libres que antes en cuanto al entorno. De hecho, no descarto comprarme algo por allí, cerca del río Iregua. -¿Por qué Logroño, entonces, si Transacción no incide demasiado en los sucesos acaecidos en esta ciudad? -Sí se cuentan hechos de Logroño. No podía ser otra provincia porque yo soy de ahí y, además, leo todos los días Diario LA RIOJA. Ahí tengo familia, la viuda de mi hermano. Estoy al tanto de lo que sucede en la ciudad, de la presencia de pakistaníes, etc... No creo que lo que cuento sea aplicable a otra ciudad porque si lo cuento es porque lo he vivido allí. Por ejemplo, el hombre que pasea con la radio en mi novela es el entonces dueño de un bar de la calle Bretón de los Herreros, a donde me llevaba mi padre cuando era niña, a una tertulia; y que se paseaba con un misal por la calle. Estos son datos que recuerdo y que luego se desarrollan en la novela, se trastocan, y siempre te das cuenta después de haberlo escrito. En mi primera novela, Logroño aparecía muy lejanamente, la acción transcurría en otras ciudades como Madrid y Dublín. -Pero no todo es seriedad en su novela, también hay momentos de diversión, como la descripción del popular esqueleto disfrazado de la ortopedia Morgabe de Logroño. -Hay que protegerlo porque es totalmente original. Siempre que viajo a Logroño voy a verlo porque es muy ingenioso, los disfraces son fantásticos. Espero que siga muchos años.