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17.03.2010 - Yo no canto por cantar

«Yo ya no espero nada, no quiero triunfar ni temo fracasar, lo único que deseo es llegar a la gente y hacerle sentir lo que yo siento»

El cantautor riojano Paco Marín presentó 'Ya era hora' en el Ateneo
«Yo no canto por cantar, ni por tener buena voz, canto porque la guitarra tiene sentido y razón (...) guitarra trabajadora con olor a primavera. Que no es guitarra de ricos, ni cosa que se parezca, mi canto es de los andamios para alcanzar las estrellas. Que el canto tiene sentido cuando palpita en las venas del que morirá cantando las verdades verdaderas, no las lisonjas fugaces ni las famas extranjeras, sino el canto de una alondra hasta el fondo de la tierra».
El 'Manifiesto' del legendario cantautor Víctor Jara bien podría ser el de Paco Marín (Villamediana, 1950), aunque el riojano, tan comprometido, valiente y sentido como el chileno, tiene el suyo propio: «Yo no canto por cantar, ni por alegrar al viento, yo no canto por cantar: me sale el grito del cuerpo; tengo por fuerza que echar todo lo que llevo dentro: yo no canto por cantar, doy voz a mis sentimientos...»
'Cantar por cantar'forma parte del libro y disco 'Ya era hora' (Juglares adorables), que Paco Marín presentó ayer en el Ateneo Riojano, en Logroño, después de su adelanto hace dos semanas en Villamediana. Como entonces, el actor Ricardo Romanos y el poeta y rapsoda Francis Quintana leyeron sus poemas, intercalados con las canciones interpretadas por el autor. Además, intervino su amigo Jesús Vicente Aguirre, componente del recordado trío 'Carmen, Jesús e Iñaki', con el que Paco colaboró en los años heroicos de transición y autonomía. «En aquellos tiempos -escribe Aguirre en el prólogo del libro- yo ya tenía muy claro que Paco Marín era sinónimo de generosidad, sentimiento y compromiso».
Treinta años después -después de la desaparición del grupo 'Keaton', del que era impulsor, guitarra y letrista en los setenta, después de pasarse o de dejarse media vida arreglando máquinas de la fábrica de tabacos-, Marín regresa a los escenarios con un trabajo auténtico; de cantautor de los de antes, de cantautor de los de siempre.
«Sólo quiero que la gente sienta la emoción que yo siento -explica Paco-. Esto está siendo muy importante para mí porque es volver a algo a lo que renuncié cuando era joven. Aunque es una importancia relativa, porque a mi edad yo ya no espero nada, no quiero triunfar ni temo fracasar, lo único que deseo es llegar a la gente».
Tampoco tiene miedo; Paco no es de esos: canta fuerte y toca a la guitarra lo que le echen. «Soy hijo del blues y de la copla, de los Rolling y los Escarabajos, primo carnal de Camarón y Paco Ibáñez...» Y, aunque es él quien escribe, son sus poetas los de siempre: «Pudiera recitarte, Pablo, los versos más tristes esta noche (...) de Miguel, Antonio o Rafael, de César, Gabriel o Federico...».
Celaya diría que estamos tocando el fondo y que la poesía es un arma cargada de futuro: «... No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es lo más necesario, lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo y en la tierra son actos...» Paco, simplemente, lo vive: «Quiero cantar al placer, al dolor, al odio, al amor, a la risa y al llanto...»
«Yo, que ya no lloro -confiesa Jesús en nombre de tantos-, puedo hacerlo si él se empeña».